una sonata nocturna de aquellas miserables noches de día viernes, en las que una característica mediocridad desvergonzada, y voces de ángeles le hacían compañía a mi patética lucha continua en las que me doy cuenta que he sido divinamente bendecido por una inevitable maldición.
Obsesivamente cegado por mi decencia. Compulsivamente carente de cordura.